Cómplices del hambre

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El  año 2008 daba inicio a una crisis alimentaria mundial generada por la drástica subida del precio de los alimentos. La crisis alimentaria se ensañaba en forma de hambrunas con las poblaciones de los países más pobres. A su vez, en países como Túnez, Egipto, Argelia, Jordania y Yemen la crisis se sumaba al malestar general e inestabilidad política generando disturbios sociales. A pesar del reconocido impacto negativo del incremento de los precios de los alimentos, una nueva voz parece haber surgido en los últimos meses con un sorprendente mensaje: los elevados precios de los alimentos son buenos para los pobres a largo plazo.

Como señala el banco mundial, a raíz de la crisis alimentaria del 2008 los elevados precios en los alimentos así como su volatilidad se han convertido en un fenómeno cotidiano. Por un lado, sus drásticas consecuencias repercuten con intensidad entre las familias más pobres que intentan mitigar el trance mediante el consumo de alimentos más baratos y menos nutritivos. No obstante, éstas prácticas repercuten negativamente sobre el bienestar tanto físico, social y mental de las poblaciones más jóvenes. Por el otro, los desequilibrios en los precios de los alimentos arrastran a un gran número de personas a la pobreza. Así, por ejemplo, en el 2011 tras una repentina alzada de precios, la pobreza en el mundo aumentó de 44 millones de personas en tan solo seis meses.

Desde agosto del 2012, la volatilidad de los precios de los alimentos parecía mantenerse estática. Sin embargo, los precios internacionales volvieron a aumentar entre los pasados meses de enero y de abril en un 4%, con subidas de hasta un 18% en el precio del trigo y del 12% en el maíz. Las diferentes organizaciones internacionales no prevén el fin de esta tendencia al alza.

En el 2011, Olivier de Schutter, el relator de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, señalaba en una entrevista al diario El País la dimensión política del hambre. Así, Schutter declaraba: “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución, no solo un problema técnico de incremento de la producción”. Mientras, el relator de la ONU identificaba algunas de sus causas: la creciente demanda de los países emergentes, los efectos del cambio climático, las ajustadas reservas de productos agrícolas, el cultivo de biocombustibles, la compra de tierras de cultivos por actores extranjeros y por último, la especulación, eran definidos como los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy para poder combatir la actual crisis alimentaria en el mundo.

Dos de estos desafíos han sido controvertidos temas políticos en los últimos tiempos para Europa: los biocombustibles y la especulación financiera con los alimentos. Uno de los mayores causantes del alza de los precios es la especulación financiera. Las empresas transnacionales agrícolas negocian el precio de los alimentos en las bolsas de los mercados de futuro. Durante sus negociaciones, mantienen sus reservas alejadas del mercado para estimular el crecimiento de los precios. Una vez estos alcanzan sus máximos, estas empresas aprovechan para sacar al mercado las reservas de alimentos. Hubo que esperar hasta el pasado mes de enero para que la Unión Europea (UE) reformase su directiva de mercados financieros introduciendo algunas limitaciones a la especulación con alimentos. Sin embargo, no basta con esta reforma.

En lo que se refiere a los biocombustibles, la UE promovió durante los últimos años su uso sin ser consciente de sus repercusiones. Su producción conlleva quemar cultivos de maíz,  mandioca, soja, girasol y palmas, con consecuencias como la deforestación de la tierra así como la reducción de alimentos destinados al consumo. Está previsto que la UE modifique su política de biocombustibles antes del final del año. Hasta entonces, Europa seguirá contribuyendo al aumento de los precios de los alimentos.

Sin embargo, también hay quien parece haberle encontrado el lado positivo a la crisis alimentaria. Este es el caso del Instituto de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI por sus siglas en inglés), centro americano especializado en la investigación de políticas agrícolas y alimentarias, que publicaba el pasado mes de marzo un estudio en el que se mostraba una significante disminución de la pobreza rural a largo plazo supuestamente ligada al alza en los precios de los alimentos. El análisis parte de una visión microeconómica en la que los campesinos, incentivados por los altos precios, deciden invertir más en su agricultura convencidos de que acabarán sacándole una mayor rentabilidad. El informe del IFPRI sugiere que, apoyando las inversiones a largo plazo en la agricultura, se ayude a los campesinos a beneficiarse de las subidas de precios de los alimentos. Pero ¿es esto lo que queremos?

La teoría del IFPRI, a pesar de ser válida en el caso de agricultores que disponen de acceso a la tierra y a recursos, se desvanece en muchas de las ocasiones en el largo camino que transcurre entre la plantación de los alimentos y su destino final. En general, no son los pequeños campesinos los que se benefician de las subidas de precios de la comida, sino sus propios causantes. Las multinacionales agroalimentarias así como los grandes granjeros y productores son los únicos grandes beneficiarios.

Muchos de los agricultores de los países en desarrollo son compradores netos de alimentos al dedicarse a los monocultivos o a cultivos comerciales en lugar de alimentos, dejando en manos de grandes empresas el procesamiento, refinación y venta del producto. Las grandes compañías sacan provecho con la subida de los precios pero sin embargo, el campesino sigue percibiendo el mismo beneficio aunque el coste de su cesta de la compra aumente. Además, a consecuencia de la subida de precios, los productos básicos no alimentarios – transporte, alquileres, gas, fertilizantes, etcétera- también se encarecen y merman el nivel de vida de los agricultores.

La subida de los alimentos lleva también a un encarecimiento de la tierra que hace que muchos campesinos sufran desalojos forzosos de los terrenos. Esto ocurre como resultado de la especulación agrícola que lleva a las tierras a ser vendidas o arrendadas a inversores internacionales. Ante tal situación, no es de extrañar que las cinco compañías líderes semilleras cuenten con el 80 por ciento del comercio mundial de cereales, obteniendo grandes ganancias gracias a fenómenos como la escasez de alimentos, los subsidios a biocombustibles y el incremento de los precios del petróleo.

El planteamiento del IFPRI conlleva muchos riesgos. El primero es que actúa como cómplice de un sistema que favorece a los más ricos. Así, al plantear apoyar las inversiones a largo plazo en el sector de la agricultura para que los campesinos puedan beneficiarse de las subidas de precios de los alimentos, el IFPRI presenta una solución parcial y muy limitada del problema en la que se olvida de los más perjudicados por la crisis alimentaria: los habitantes de las urbes que afrontan con salarios muy bajos el alza de los precios de los alimentos de los que son consumidores netos.

La solución al alza de precios no consiste en poner pequeños parches en algunos sectores sino en crear soluciones globales que desafíen el sistema actual y en las que los alimentos no sean considerados como meras mercancías. Estas soluciones pasan por la regulación de la especulación, de los biocombustibles y por aplicar medidas que ayuden a atenuar el cambio climático. En todas ellas, la UE tiene un papel esencial que desempeñar. Sin embargo, pocas son las esperanzas ante una eventual firma de un tratado transatlántico de libre comercio con Estados Unidos como el que parece anunciarse. Con él, el hambre seguirá más que nunca al orden el día. Porque sí, el hambre sí es un problema político.

A. Cembrero Bonet

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3 responses to “Cómplices del hambre

  1. “Solament l’aplicació de models de comunicació per a la innovació, no dirigits cap a una finalitat concreta, podrà ajudar a eradicar la fam i a escurçar les distàncies entre els uns i els altres”. La resta, com el diabòlic joc de l’augment de preus, porta, tal com dius, a l’enriquiment dels promotors (ja rics).

  2. El problema es de responsabilidad por el futuro y de poder encontrar un compromiso guiado por la racionalidad y el cálculo a largo plazo entre los distintos actores de la política y de los mercados. El liberalismo a ultranza ha llevado a que todas las relaciones sean consideradas puramente comrciales, pero esto sucede con una enorme miopia y en un vector de desarrollo que resulta suicida.

  3. Otra de las causas, que con toda humildad, incluiría a las ya conocidas por las que se produce un incremento del precio de los alimentos, es el patrón de consumo de nuestra sociedad. Serge Halimi, lo explica muy bien en “¿Crisis alimentaria mundial? Alimentos y comida chatarra. Entre desnutrición y pobreza”. “Es porque los chinos comen demasiada carne que a los egipcios les falta trigo”. Debemos preguntarnos también hasta qué punto nuestro modo de vida, donde se incluye nuestro manera de alimentarnos, también influye en la crueldad del sistema financiero mundial.

    ¿Crisis alimentaria mundial? Alimentos y comida chatarra. Entre desnutrición y pobreza.
    Por si les interesa lo podéis ver en:

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